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LA LEYENDA DEL “METEORITO” DE JUELLA

La gran toma de agua del Angosto del Perchel sobre el Rio Grande, era vital para el desarrollo agrario del pueblo Omaguaca, desde allí se la distribuía hacia los sembradíos mediante numerosas acequias construidas con una técnica ingeniera perfecta.

Los peñascos casi verticales de durísima roca protegían aquel lugar estratégico y lo hacían inexpugnable al ataque de cualquier enemigo.

Cierto día, se produjo un gran terremoto que alarmo a todas las poblaciones establecidas a lo largo de la Quebrada, donde hubo que lamentar la destrucción de la toma de agua y el cambio del curso del rio. También se perdieron vidas humanas, se puso en riesgo el éxito de las cosechas de la que dependía la subsistencia de la población.

El cacique de los Tilcara Qori Kuntur (Cóndor de Oro), les pidió a los laikas de todas las parcialidades, que realizaran ofrendas y rogativas a los dioses para aplacarlos con la esperanza de que no se repitieran los temblores y terremotos.

La joven princesa Sumaj Qoyllur (Estrella hermosa) hija del cacique de los Tilcaras era ahijada de la diosa Quilla (Luna), en su aflicción le ofreció su vida a cambio de un milagro que reconstruya los daños.

Quilla, su madrina, escucho sus ruegos y en una noche esplendorosa, envió un meteorito que entro fugaz por el espacio como una sasta de brillos metálicos, incrustándose con un ruido ensordecedor sobre la ladera oriental del Cerro Negro próxima a la Puerta de Juella, nivelando las márgenes del Rio Grande, que milagrosamente volvió a su antiguo cauce.

La princesa regocijada por el milagro, se dirigió solemnemente en compañía de sus padres y sequito al lugar donde había caído el meteorito. Entro sola en el gran agujero circular llevando ofrendas para Quilla y Pachamama.

Estaba bellísima, vestía ancallu (vestido) blanco de fina alpaca, adornado con guardas geométricas bordados con hilos de oro, lucia pulseras y tobilleras de brillante plata, su negra cabellera sujetada por una delicada vincha dorada incrustada con verdes esmeraldas traídas del Chincha Suyu (Extremo norte del territorio incaico), calzaba sandalias de cuero de llama con cordones de vistosos colores, una faja de vicuña ceñía primorosamente su grácil cintura que realzaba su hermoso cuerpo de ñusta del sol.

Permaneció en oración levantando los brazos hacia el cielo, cuando lentamente Quilla salió detrás del Cerro Negro, mágicamente Sumaj Qoyllur se transformó en una brillante estela de luz que ascendía, ante el asombro de los quebradeños allí presente, hasta el espacio celeste transformándose en la fulgurante estrella del alba que desde entonces esta para siempre al lado de la Luna.

Fuente Facebook Juellita la bella Centrovecinal

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