Con febrero ya en curso, numerosos jubilados revisan nuevamente sus recibos para confirmar si el bono previsional se liquida o no. Si bien el aumento mensual rige para todos los beneficiarios, el refuerzo extraordinario no se acredita de manera automática y responde a un criterio específico que vuelve a generar diferencias.
El mecanismo vigente conserva la lógica aplicada en los últimos meses: el bono no funciona como un adicional generalizado, sino como un complemento destinado a asegurar un piso de ingresos. Por este motivo, no se paga de forma pareja, sino que disminuye de manera gradual hasta desaparecer cuando el haber mensual supera un límite establecido.
En este punto aparece el dato determinante. Durante febrero, el valor que define si corresponde el bono es de $429.079,70. Esta cifra surge de la suma del haber mínimo actualizado de $359.079,70 y un bono estimado de $70.000. Quienes perciben ingresos por debajo de ese monto acceden al refuerzo, ya sea completo o parcial, mientras que los que lo superan quedan excluidos.
En términos prácticos, un jubilado que cobra $380.000 puede recibir un bono cercano a $49.079,70 para alcanzar el tope. En cambio, otro con un haber de $420.000 accede a un extra reducido de aproximadamente $9.079,70. Aquellos que superan los $429.079,70 no perciben ningún refuerzo y cobran únicamente el haber con aumento.
De esta manera, ANSES mantiene en febrero un esquema definido: el incremento se liquida a todos los jubilados, pero el bono se reserva solo para quienes no alcanzan el monto que actúa como umbral. Ese número es el que determina, mes a mes, si el refuerzo previsional impacta o no en el ingreso final.











