En un contexto de malestar creciente y descontento generalizado, las bases del gremio ADEP decidieron lanzar un paro docente de 72 horas en toda la provincia, programado para los días 28, 29 y 30 de julio. La medida responde a una propuesta salarial que resultó inaceptable y que, según expresaron desde el sector, refleja años de desvalorización del trabajo en las aulas.

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El reclamo central exige un incremento del 45%, la fijación de un salario básico de $300.000 y que ningún docente cobre por debajo del valor de la canasta básica. En resumen, se busca que ejercer la docencia no implique vivir en condiciones de precariedad.

Entre los puntos más urgentes del pliego también se incluye el pago del ítem por insalubridad, la incorporación de un nuevo plus por responsabilidad civil, dado el aumento de tareas extra, y el respeto por las licencias médicas otorgadas por profesionales. Además, exigen mejoras edilicias, recursos esenciales para enseñar y la presencia de gabinetes psicopedagógicos en todas las escuelas, en un escenario donde la violencia y el acoso escolar son cada vez más frecuentes.

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Sin embargo, más allá de lo salarial y estructural, el reclamo de fondo apunta al reconocimiento de una tarea fundamental: educar. Una labor que forma a nuevas generaciones, pero que se sostiene con cada vez menos respaldo.

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